Pocos lugares hay en el mundo que puedan llegar a enamorar tanto en tan poco tiempo como lo hace Japón. Para muchos, lo primero que pasa por la cabeza al pensar en el país Nipón es la tecnología, el frikismo, el sushi y el té. Realmente, es un país tan complejo, apasionante y acogedor que es casi imposible de definirlo con palabras (aunque lo del té sí que es cierto que está por todos lados).

 

Es una experiencia tan intensa y diferente de lo que estamos acostumbrados, que marca y mucho. Impresiona el hecho de ir por la calle y ver lugares llenos de tecnología punta, puerta con puerta con templos taoístas. Alucinamos con su manera de vivir en sociedad y su respeto por el medio ambiente y la naturaleza. Te emocionas cuando en el autobús y las personas mayores, sin tener ni papa de inglés (como la mayoría de Japoneses) se desviven por ayudarte a bajarte dónde toca. Marca el sentirse más seguro paseando de noche sin luces por Kioto que en tu propia ciudad. Por la comida, la cultura, los paisajes, su gente, por todo, Japón marca.

Nikko, templos

Ramen, Ichiran

Recorrido

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Ciervo Nara 2

Nikko, Cascada Ryuzu

Mucha gente nos pregunta sobre la época del año en la que ir. Nosotros fuimos en otoño (segunda semana de Octubre) y podemos decir que “bueno, bonito y barato”. Al no ser fechas en los meses más turísticos, Júlio y Agosto, en la mayoría de lugares no había demasiada gente. Los colores de las montañas nos hacían sentir como si estuviéramos en un cuadro y, al ser temporada baja, los precios eran más asequibles que de costumbre. Por lo que hemos visto, en verano puede ser bastante agobiante tanto por el calor como por la gente, y en invierno, en algunas zonas de montaña puede llegar a refrescar mucho. Aun así, a Japón se puede ir en cualquier época del año y siempre volveréis con una experiencia increíble por lo que no os tenéis que preocupar.

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Aunque nos gusta el turismo cosmopolita, la cabra siempre tira al monte (como se suele decir) y planeamos una ruta de unas dos semanas bastante completa. Teníamos tramos de ciudad (la mega-Urbes como Tokio, Kioto o Kanazawa) y zonas de montaña (Takayama, Nikko y otros puelos de los alpes Japoneses).

 

¿Estáis preparados para uno de los viajes de vuestra vida?

 

¡Empezamos!

Día 1. Tokio Asakusa/Akihabara

Cuando bajamos del avión en el Aeropuerto de Tokio-Narita, ya tuvimos nuestro primer choque cultural. Una vez ya rellenamos todo el papeleo del visado, nos adentramos en una estación con lo que parecían mil millones de trenes y opciones diferentes para llegar a la ciudad. Muchos carteles en japonés y pocos en inglés. Nos habíamos mirado en casa el trayecto, pero, aun así, nos estresamos un poco. Nosotros optamos por la opción del tren exprés desde el aeropuerto, un poco más caro, pero más rápido y ya habíamos tenido suficientes horas de viaje.

Nos bajamos en Ueno, nuestro centro de operaciones en Tokio. ¿Qué porqué Ueno? En perspectiva y con bastantes horas de estudio, vimos que la localización era bastante perfecta. Entre otras cosas, cuenta con salida directa de los trenes bala (Shinkansen), trenes de línea JR y con parada de la línea Yamanote de tren urbano. La estación es de las más grande de Tokyo (y del mundo) por lo que cuenta con centro comercial propio y algunos restaurantes bastante buenos. Además, si teníamos el hotel cerca y surgía algún rato muerto, podíamos ver el parque de Ueno. Con un zoo, varios museos y algunos templos, es uno de los parques más completos de la ciudad.

Como no sabíamos llegar a nuestro hotel, con el papel en la mano fuimos a preguntar a unos policías que nos ayudaron un poco con las direcciones, muy amables. Una vez desembarcados en el Hotel, nos fuimos callejeando hasta Asakusa, pasando por su casco antiguo hacía nuestro primer templo, el emblemático Senso-ji. Este templo budista de un característico color rojo, posee, entre muchas cosas, una impresionante pagoda de 5 pisos, varias entradas con arcos gigantescos y un magnífico pabellón principal. Una de las cosas que más nos llamó la atención, fueron las linternas gigantes que cuelgan de los arcos con sus relieves y detalles. Alucinamos. Al salir del pabellón principal, estuvimos paseando por todo el recinto, visitando los alrededores que contienen canales, puentes y estanques llenos de carpas koi.

Al salir del recinto del templo, nos sumergimos en la calle nakamise, llena de punta a punta de gente y tiendas típicas con todo lo que os podáis imaginar. Nosotros no pudimos evitarlo y nos compramos algunos dulces típicos y unos palillos súper monos! Para comer, hicimos lo que posteriormente se convirtió en uno de nuestros “juegos” durante el viaje. Escoger el mejor restaurante. Aunque íbamos un poco orientados por nuestro GPS, acabamos entrando en una taberna japonesa que nos llamó la atención. ¿Conclusión? Es muy difícil no acertar en un restaurante en Japón. Aun así, siempre hay algún favorito que guardamos con cariño.

Después de nuestra primera experiencia culinaria japonesa, nos fuimos poco a poco hasta el barrio electrónico de Tokio, Akihabara. Como llovía un poco, nos refugiamos en unos grandes almacenes, igualito que el de las series y animes. ¡La experiencia es una pasada! Venden absolutamente de todo y nos hartamos de reír. De vuelta hacía al hotel, teníamos un poco de mono de sushi así que, en una calle con llena carteles iluminando la noche, encontramos un restaurante dónde los camareros eran maquetas de tren bala. Creo que nos pasamos más tiempo haciendo vídeos y fotos que comiendo.

Takeshita street

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Día 2. Tokio Tsukiji/Shibuya

Al día siguiente, nos levantamos temprano y cogimos el metro en dirección al Mercado de pescado de Tsujiki. Creo que probamos más sabores y texturas nuevas ese día que en toda nuestra vida. Se puede acceder a la subasta del pescado del mercado, llegando sobre las 5.00 am. Es una experiencia muy interesante, pero solo apta para los más madrugadores!

 

 Cargados con un par de mochis, rodajas de melón de Hokkaido y alguna brocheta de algún pescado que no acabamos de entender que era, nos dirgimos hasta el Parque de Hamarikyu, a pocos minutos a pié.

 

 Quizás, lo más sorprendente de los parques en Tokio, es la sensación de estar en medio de la naturaleza con un horizonte de rascacielos. Eso y que está todo tan cuidado que parece que le hayan hecho hasta la manicura a cada hoja, 100% cultura Japonesa!

 

 Después de comer ramen en el delicioso Ichiran, llegamos a una de las calles más emblemáticas de Tokio, la Takeshita. Sólo como aperitivo, diremos que la entrada a la calle tiene carteles luminosos gigantes muy coloridos de dónde sale música a todo trapo. Si queréis dar rienda suelta a vuestro frikismo, esta es vuestra calle.

 

Como estaba cerca, paseamos también por el Parque Yoyogi. Esta parque es gigantesco, así que solo pudimos hacer un pequeño trocito antes de que cerraran (cierran sobre las 17.00).

 

 Ya reventados y emocionados, nos fuimos para el hotel a descansar.

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Día 3. Nikko

Habíamos oído hablar mucho de Nikko, de todos sus templos. Sin embargo, Nikko es también un monumento a la naturaleza.
Nosotros hicimos una caminata desde las Cascadas de Kegon hasta las Ryuzu, bordeando el lago de Nikko (Chuzenjiko). Creo que fue en esa ruta dónde nos enamoramos de Japón. Casi cada milímetro parecía haber sido calculado para que fuera perfecto y, aunque las fotos no hacen justicia para nada, os podéis hacer una idea.

 

 Ya hacia la tarde, fuimos a ver los templos más emblemáticos de Nikko. Es difícil explicar el nivel de harmonía entre los edificios y la naturaleza. Es una sensación que no se puede definir, y que os dejará con la boca abierta. Nosotros no vimos todos los templos de Nikko, pero estos son por los que nos decidimos:

 Tōshōgū |Taiyuin-byo | Shinkyo | Kanmangafuchi

 

 Una cosa muy curiosa, aunque no obligatoria para los turistas, son las abluciones antes de entrar a los templos. Veréis que hay algunos carteles explicativos para novatos y la verdad, nos hizo sentir parte de la cultura Japonesa por un ratito.

 

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Día 4. Kanazawa y Shirakawago

En nuestro 4rto día en Japón, despedimos nuestras maletas en dirección Kioto (vía takkyubin, explicación en Especificaciones) mientras que nosotros, con unas mochilas, empezábamos nuestra ruta por los alpes japoneses, empezando por la cuidad de Kanazawa.Kanazawa fue una sorpresa. Habíamos leído que su castillo era muy bonito de ver y que el Parque Kenrokuen estaba (y está) considerado como uno de los 3 mejores de Japón. Efectivamente, el castillo es muy diferente de lo que estamos acostumbrados en occidente y nos pareció fantástico. El parque, bueno, diremos que teníamos otras cosas planeadas para hacer en Kanazawa y se nos olvidó todo una vez entramos en él. El concepto de parque es diferente en Japón. Modifican un trocito de tierra hasta elevarlo a la categoría de arte. Nos dejó sin palabras en ese momento y desde entonces, creo que no hemos hecho nada más que recomendarlo a todo el que nos ha dicho que pasaría por Kanazawa.

 

De Kanazawa tomamos un autbús hasta uno de esos rincones escondidos y que aún conservan gran parte de su encanto original, la aldea de Shirakawa-go. En medio de los alpes Japoneses, enclavada entre el río y las montañas, esta pequeña aldea conserva gran parte de sus edificios y sus característicos tejados desde hace más de 500 años. Perderte por sus callejuelas era como viajar en el tiempo. Un apunte curioso que nos dejó atónitos fue la limpieza impecable del alcantarillado que va los laterales de las calles al descubierto ¡Los usan de peceras para las carpas Koi! Para los más aventureros, es posible quedarse a dormir en alguna de las casitas traducionales (ahí lo dejamos).

 

Siguendo nuestro día sin parar, tomamos dirección Takayama. En Takayama pudimos disfrutar de nuestra primera posada o Ryokan, con sus futones, baños típicos y nuestras propias yukatas (kimonos “más sencillos”). Después de un baño muy relajante (en su baño compartido con sus banquetas y piscina caliente, eso si hombres en un lado y mujeres en otro), no nos quedó demasiado tiempo para ver Takayama esa noche.

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Día 5. Kamicochi

Todas las descripciones se van a quedar cortas con respecto lo increíble que fue hacer senderismo por Kamikochi. Al ser otoño, flipamos con la cantidad de colores que vimos en un segundo. Nosotros nos bajamos en la parada Taisho pond (en vez, de la estación de Kamikochi) y fuimos haciendo ruta a través del parque desde el espectacular lago Taisho pong hasta el puente de Kappa, dónde comimos. Durante el trayecto se puede escoger ir un tramo por el sendero del río o de la montaña. Como ver el macaco japonés es bastante fácil por esa zona, probamos suerte por el camino de la montaña… Desde Kamikochi salen muchos caminos para hacer senderismo por los Alpes Japoneses y viendo el entorno, nos quedamos con las ganas de hacer más días de ruta. El camino, de unas 4 horas a paso tranquilo, se convirtió en uno de nuestros mejores momentos del viaje. El hecho de bajar antes con el autobús te permite abarcar más parque sin tener que ir y volver, ya que el autobús sale del mismo Kamikochi para la vuelta.

 

Con antelación (y a lo loco) habíamos reservado un ryokan en medio de las montañas para esa noche, entre Kamikochi y Takayama. La zona, conocida como Nakaokohara guchi, es famosa por sus aguas termales. Y allí, en un balneario al aire libre, en medio de la naturaleza y con un precioso atardecer entre las montañas ocres de Japón, nos hubiéramos quedado para siempre. Como además tuvimos la suerte de que éramos los únicos huéspedes, la familia que regenta el ryokan nos invitó a cenar con ellos. Simplemente, inolvidable.
La mañana siguiente, nos fuimos del ryokan dirección Takayama. En una mano llevábamos unas galletas caseras regalo de la dueña para desayunar y en la otra, una pena tremenda por dejar atrás este lugar tan maravilloso.

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Día 6. Takayama

Una vez ya llegamos a Takayama, pudimos disfrutar de su festival de otoño. Con razón al festival, la zona antigua de la ciudad, con casas conservadas desde la época EDO estaba toda decorada. Encontramos numerosos puestos de comida y de recuerdos tradicionales por todos los alrededores del río Miyagawa, que cruza el casco antiguo. Takayama dispone además, de un montón de templos para ver y admirar, muy recomendable seguir el Paseo Higashiyama Yūhodō, en la zona de Higashiyama para verlos.

 

 Estuvimos un poco más de medio día paseando por la ciudad y aprovechamos también para comprar y probar sake, que es muy típico de la zona. De las montañas, nos fuimos directos para Kyoto, nuestro refugio para lo que nos quedaba de viaje.

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Día 7. Magome y Tsumago

Desde Kioto organizamos diversas salidas para ver los pueblos y lugares más emblemáticos de los alrededores.  La primera salida, la hicimos para ver el fotogénico y cinematográfico Valle del Kiso, a través de la ruta a pie que comunica Magome con Tsumago. Estas ciudades son usadas en la actualidad para rodar películas ya que no hay ni cables de luz ni de teléfono (a la vista) y las casas se restauraron para conservar su aspecto original. La ruta tiene una duración de unas 3 horas, pasando por los pueblos y por medio del bosque, pero después de Kamikochi nos supo a poco. Aún así, recomendamos estos pueblos, pues son dignos de ver, si tenéis tiempo.

 

 Llegados a este punto os podéis preguntar ¿Estabais cansados? Pues sinceramente, aunque hacíamos bastantes horas de bus y tren, no parábamos de mirar por todas partes, era todo tan bonito y diferente que no podíamos dejar de disfrutar cada segundo.

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Día 8. Kioto

Fukakusa/Centro

Kioto fue la capital de Japón durante mucho tiempo. Quizás por esa razón, al pasear por ciertas partes de la ciudad nos sentimos como si estuviéramos en un pueblo en el que lo puedes encontrar todo. Para poder aprovechar y disfrutar al máximo de todo lo que esta magnífica ciudad podía ofrecer, dividimos la ciudad por secciones. Aunque Kioto no es tan grande como Tokio, sigue siendo enorme.
Dedicamos 4 días enteros a la ciudad y aun así, daba la sensación que estando 2 meses nos hubieran faltado cosas por ver (y seguro que sería así).

 En nuestro primer día, aun con el JR Pass activo, viajamos con una de las pocas vías de metro que hay en Kioto hasta el emblemático Fushimi Inari. Este templo, uno de los más famosos de Japón, es conocido por sus miles de torii rojos a lo largo de su recorrido de 4 km de subida hasta la cima del monte. Durante la ascensión, vimos también diferentes altares recubiertos de linternas y pequeños arcos del mismo color rojo característico. También, nos topamos con los precios de los toriis, si os apetece pedir fortuna al dios Inari y dejar un recuerdo en Japón, ¡aquí tenéis vuestra oportunidad!
Fue una gran experiencia pasear entre miles y miles de arcos entre medio de una naturaleza exhuberante. Es un lugar completamente mágico que hay que visitar alguna vez en la vida.
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De vuelta a la ciudad, fuimos a hacer un poco de ruta por el centro de la ciudad. Nuestra primera parada fue en el castillo Nijo. El castillo está muy bien conservado y hace las maravillas de cualquier fotógrafo. Este edificio fue designado como patrimonio de la humanidad, y es fácil entender por qué. Es difícil remarcar alguna de sus virtudes sin mencionar todo lo demás… En nuestro caso, la entrada a los edificios, los tatamis “ruiseñor” y el doble fosado, nos encantaron especialmente.

Del castillo Nijo fuimos a otro edificio feudal, el palacio imperial. Para visitar el palacio hay que ir con antelación para apuntarse en las listas (y os aseguramos que merece la pena). Para no hacer muchos “spoilers”, os diremos que es uno de esos sitios de dónde sales encantado y flipando de la mentalidad japonesa ya tiempo atrás. En una playa de miles y miles de piedras, sabían exactamente cuántas habían colocado. Los Jardines imperiales merecen ser admirados cualquier época del año así que ya sabéis, ¡a ir repitiendo visitas!

Finalmente, ya reventados, nos fuimos a pasear por el mercado de Nishiki. Estas galerías, están llenas de todo tipo de comercios. Nos pasamos por unos recreativos, por tiendas de cómics, de ropa y zapatos tradicionales, tiendas donde solo vendían té matcha de todas las formas y maneras posibles y muchas más.. Una de las cosas más divertidas que vimos fue unos chicos jugando a una especie de “guitar hero” con tambores Taiko. Brutal.

Es muy especial que en medio de todo esto, los japoneses siempre encuentren algún lugar para tener templos. Lo que nos pensábamos que era alguna tienda especial toda llena de linternas típicas, resultó ser un templo Budista.

Al salir del Mercado, ya anocheciendo, nos dirigimos al barrio de Gion. Simplemente pasear por el barrio es una experiencia. Hay una pequeña parte del barrio que es más tradicional, con las casas más bajitas y lleno de farolillos de papel, puentes tradicionales y árboles por todas partes. La otra, más moderna, con tiendas, discotecas y bares. Es muy difícil describir todo lo que Gion ofrece, de hecho, con el tiempo que nosotros estuvimos, tampoco pudimos descubrir demasiado. ¿Nuestra recomendación? Pasead, de día y de noche y no os arrepentiréis de visitar uno de los barrios más bien conservados y con más vida de Kioto.

Después de cenar por el barrio, volvimos paseando por la calle paralela al río Kamo. Desde ese día, siempre acabábamos el día paseando por esa zona. Simplemente fue de esos lugares que nos enamoraron.

Cirevos Nara

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Día 9. Nara

Al día siguiente visitamos la cuidad de Nara, que fue quizás, compitiendo con Kyoto la que más nos gustó. ¿Porqué? Digamos que Nara está lleno de parques y edificios históricos increíbles acompañados de cervatillos. Nos dimos cuenta del nivel de respeto que hay en Japón cuando, al dar las galletas especiales a los ciervos, estos nos saludaban con una reverencia. Al día siguiente nos dolían las lumbares de tanto saludar. En Nara probamos también nuestro primer Okonomiyaki, para desgracia de nuestra dieta.

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 A grandes rasgos, Nara tiene un gran parque muy turístico, con los elementos más destacables bastante agrupados, por lo que es fácil de ver en un día. En este encontramos el templo Todaji (la construcción de madera más grande del mundo) con un gigantesco Buda en su interior. Uno de los puntos “must” de Nara sin dudarlo.

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Día 10. Kioto
Saga/Arashiyama

Así, sin pausa pero sin prisa, nos plantamos en Kyoto de nuevo. Esta zona de Kioto al lado del río Katsura, tiene mucho más que ofrecer que su famoso bosque de bambú (que es precioso, pero hay que ir temprano si no se quiere ver con una marea de turistas). La zona está llena de templos y rincones para explorar.

Con todo, nuestro primer destino, fue efectivamente el bosque de bambú. Es increíble que estas plantas puedan llegar a una altura tan extraordinaria con su diámetro. ¡Con razón se usan para todo tipo de construcciones! Hay también la opción de pasear con carro por el bosque. Es una pasada se mire de dónde se mire.

Saciado nuestro pequeño apetito de oso panda, nos dirigimos hacia el otro lado del río, al santuario de monos de Arashiyama. Para cruzar, usamos el puente togetsukyo, que nos regaló unas vistas fantásticas de las montañas coloridas de Arashiyama. Aunque pensamos que el parque era una turistada, ¡nos gustó bastante! Sabed que para llegar a él, hay una subida importante, por lo que no es demasiado accesible si se va con movilidad reducida. Por otro lado, la altura le da unas vistas panorámicas geniales de la ciudad.

Después de un buen rato y de un ataque frustrado por parte de un macaco a Anna (mientras ésta le intentaba hacer una foto), volvimos a la calle principal de Arashiyama. Una vez repuestas las energías, fuimos al templo Tenryuji. Para que os hagáis una idea, este templo está declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Entre otras muchas cosas, podemos destacar que tiene uno de los jardines zen más bonitos que vimos en el viaje. Si visitáis la zona de Arashiyama, este templo tiene que ser una visita obligada.

Para finalizar nuestro día por la zona, nos habían recomendado el templo Goiji por su jardín repleto de Arces. Con todos los árboles en su esplendor de colores no hubiéramos podido pedir nada mejor. De allí, después de ir de compras por la calle principal de Arashiyama, nos volvimos para el centro de Kioto.

Kioto, Ninnenzaka

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Día 11. Kioto
Higashiyama

Higashiyama sea, probablemente, nuestro lugar favorito de Kioto. Recuerdo que estaba anocheciendo, teníamos un té calentito entre las manos y estábamos sentados en unas escalares en la calle Ninnenzaka. Al tomar después la calle Sannenzaka, teníamos de fondo la pagoda Yasaka. Ese fue el momento dónde decidimos que teníamos que volver algún día a Japón.

Pero no avancemos acontecimientos. Antes de contaros historias de amor, os explicaremos que vimos por la zona este de la ciudad de Kioto. Higashiyama

Empezamos por ir a ver el templo Sanjunsanjendo. Este templo es famoso por sus cientos de estatuas. El pabellón es increíble y no hay manera de hacerle justicia explicándolo (además, como en la mayoría de interiores de los templos, tampoco se pueden hacer fotos).

De allí, fuimos en bus y a pie hasta el kiyomizu dera. Si agluna vez ponéis Kioto en google imagenes, es el típico mirador lleno de árboles que en otoño es despampanante. El complejo del templo es absolutamente espectacular y muy grande. Tiene diversos pabellones, pagodas y sí, efectivamente tiene también unas vistas increíbles.

En nuestro caso, como estaban en obras, hubieron zonas que no pudimos disfrutar tanto. Un dato curioso del complejo es que contiene entre otras cosas, un santuario dedicado al amor y al matrimonio (Jishu) con sus piedras del amor. Según la tradición, si se quiere encontrar el amor, hay que recorrer los aproximadamente 10 metros que separan las dos piedras ¡con los ojos cerrados!

Al salir del Kyomizu dera, nos acercamos al templo nanzen-ji. ¿no habíamos visto ya suficientes templos como para toda una vida? Ni de lejos. Cada uno de los templos que visitamos, tenían un encanto especial y muy diferentes entre ellos. ¿Que no nos creéis? ¡Id a comprovarlo vosotros mismos!

Si el complejo anterior nos había parecido grande, el templo nansen-ji tampoco se quedó corto. Para no agobiaros mucho, diremos que en otoño, disfrutamos cada jardín con un extra de belleza, si eso es posible. De todos los templos, visitamos el nanzenin y el Tenjuan. Hay más templos para visitar y la verdad, nos dió bastante pena no poder visitarlos, sobretodo el templo Hojo (vaya, tendremos que volver a ir…). El complejo cuenta además con un acueducto fantásticamente conservado.

Extasiados de tantos templos, pagodas y cultura japonesa en general, después de comer nos dimos una vuelta por el parque Maruyama. simplemente fuimos, paseamos y disfrutamos de la tarde por el parque. No quisimos planear demasiado la visita al parque y descubrirlo a nuestro aire. Un acierto completamente.

Para acabar el día, mientras se esfumaba el sol, fuimos a las calles Sannenzaka y Ninnenzaka .Estas calles muy bien conservadas están llenas de tiendas típicas japonesas con todo tipo de productos. Sentarnos a ver como pasaba la gente, y simplente disfrutar de la vida en kioto fue uno de los mejores momentos del viaje. No podéis iros de la ciudad sin pasear por estas magníficas calles!

Kioto, Pavellón Dorado

Día 12. Kioto
Norte/Curso cerámica

En nuestro último día por Kioto aprovechamos para ver la zona Norte de la ciudad. No nos podíamos ir de Kioto sin ver uno de sus monumentos principales, el impresionante Kinkaku-ji o Pabellón Dorado. Este templo es uno de esos lugares que independientemente de la climatología y la gente, brilla (casi literalmente) con luz propia. El recinto no es muy grande (en poco más de 1h lo tenéis visto con todas las fotos que queráis) pero es imprescindible en vuestra ruta por Kioto. Como la mayoría de templos zen, se encuentra en harmonía con un jardín que raya lo increíble y el pabellón en sí es un espectáculo. El recubrimiento de oro abarca toda la primera y segunda planta. En el recinto podemos encontrar además, diferentes edificios visitables, como, por ejemplo, la casa de te del periodo EDO.
La visita merece cada uno de los 400 yenes que cuesta la entrada sin ninguna duda.

Una vez salimos del templo, nos dirigimos al Templo budista Ryoan-ji. Este templo zen contiene el jardín de rocas más famoso de Kioto (y quizás de Japón entero). Una de las peculiaridades del Jardín es que, desde cualquier punto de vista, al menos una de las rocas de este queda escondida a la vista. ¿Os animáis a intentar verlas todas? Aunque la atracción principal del templo es el Jardín, podemos encontrar también un precioso estanque, zonas para pasear y algunos torii. El lugar desprende tranquilidad en todos sus pequeños rincones. Quizá uno de los mejores templos que visitamos en Kioto.

 Después de un pequeño paseo por el norte de la ciudad y de un enorme okonomiyaki, nos volvimos a nuestro querido Higashiyama. Cuando ya has paseado varias veces por el mismo lugar, empiezas a fijarte bien en todos los detalles que se te habían pasado por alto. En ese momento, tuvimos suerte y vimos que se hacía un curso de cerámica japonesa. Nadie en la tienda hablaba ni un poquito de inglés así que recurrimos a un gran repertorio de gestos, señas y un papelito que tenían preparado para turistas. Fue una experiencia increíble, nos hartamos de reír, hicimos nuestras propias tazas y jarrones y ¿sabéis lo mejor? ¡Nos lo enviaron a casa y ahora tomamos el té en casa en nuestras auténticas tazas japonesas!

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Día 13. Bye bye Japón

Salimos temprano hacia el aeropuerto de Osaka, de dónde volvíamos, y tardamos poco más de una hora en llegar. Así acabó nuestro viaje más especial hasta la fecha, bueno, antes compramos nuestra última lata de refresco en unas máquinas expendedoras.

Es muy difícil contar y transmitir todo lo que un país con su gente y su cultura te da en tan poco tiempo. Fuimos con la sensación de que iba a ser un gran viaje y volvimos buscando fecha para volver. Si tenéis la oportunidad de viajar a este increíble país, ¡no la desaprovechéis!

Ramen naruto

Comer

 Sushi go round Kaisen Misakiko Okachimachi (Zona Ueno, Tokio) – Sushi

Mercado del pescado Tsukiji (Zona Tsukiji, Tokio) – Sushi, mochis, dulces, pescado.

Ichiran Shibuya (Shibuya, Tokio) – Ramen

Kameya (Nara) – Okonomoyaki

Gyoza Chaochao (Centro, Kioto) – Gyozas. Consejo: Ir sobre las 20.00 porque hay siempre mucha cola.

お好み焼き 克 (Ryoan-ji, Kioto) – Okonomoyaki

*Los encontrareis todos en el mapa situados.

Alojarse

TOKYO

Tokyo Ueno Hotel

Dirección: 〒110-0005 Tokyo,

Taitō, Ueno,
7 Chome−12−9

Descripción: Hotel a 3 minutos de la estación de Ueno. Es un hotel muy limpio, acogedor y renovado. Las habitaciones son pequeñitas pero acogedoras.

Check in: 10.00 a 00.00

Precio: 60€/persona

Reserva

TAKAYAMA

Tsukamoto Sou

Dirección: 〒506-0054 Gifu Prefecture, Takayama, Okamotomachi, 1 Chome−284

Descripción: Ryokan tradicional y senzillo para dormir en futones y bañarse en baños japoneses.Queda cerca de la estación de autobuses pero no está cerca del centro.

Check in: 15.00 a 20.00

Precio: 42€/persona

Reserva

KAMIKOCHI

H. Nakashimakan なかしま館

Dirección: 152 Okuhida Onsengo Nakao, Takayama-shi, Gifu-ken 506-1422

Descripción: Ryokan familiar en el pueblecito de Onsengo Nakao, con baños termales naturales al aire libre dónde relajarte rodeado de montañas.

Check in: 15.30 a 17.30

Precio: 43€/persona

Reserva

KYOTO

Apartamento Airbnb: Makiko

Dirección: 600-8127 Kyōto-fu, Kyōto-shi, Shimogyō-ku,
Umeminatochō, 95

Descripción: Apartamento con buena comunicación de autobús y a 15 min de la estación de Kyoto. El apartamento es muy pequeño con cama, cocina y baño muy estrecho.

Check in: Cualquier hora

Precio: 40€/persona

Reserva

Los puntos marcados con el mismo color son aquellos que visitamos en el mismo día.

Especificaciones de la ruta

  • Metro:

Comprar una tarjeta recargable con los viajes que deseéis hacer (tener en cuenta los días de JR). Al devolver la tarjeta se devuelve el dinero de la tarjeta (solo en la misma ciudad dónde se compra). Nosotros compramos la Tarjeta ICOCA. Precio por viaje: 170 yenes.

  • Tren:

La mejor opción para desplazarse en Japón es el tren bala, Japan Rail (JR, Tren de alta velocidad), y para hacerlo existen pases de 7/14/21 días. Nosotros los cogimos un JR Pass de 7 días y nos organizamos de manera que los días de JR Pass quedaron en medio del viaje y fueron destinados a trayectos largos, y los días iniciales y finales, estuvimos por Tokio y Kioto y nos movimos en metro.

  • Envío maletas:

Para realizar nuestra escapada a los alpes japoneses, enviamos las maletas de Tokio a Kioto, vía takkyubin. Concretamente lo hicimos con la compañía Yamato (“famoso logo con el Gato negro”). En la misma recepción del hotel o en algunos supermercados que tienen el logo, pides unos formularios que llenas con tus datos, la dirección y hora dónde quieres que vayan tus maletas y.. pagas. Ellos se encargan de que lleguen a su destino y la verdad es que les está yendo muy bien  porque se ha puesto bastante de moda.

  • Internet:

Un punto esencial para nosotros fue comprarnos una tarjeta de datos para nuestra estancia en Japón, lo teníamos clarísimo. Nos fue muy útil para poder usar el teléfono como GPS y buscar en internet detalles de los lugares que visitamos. Es cierto que en muchos apartamentos, te dejan los WIFI portátiles y que en muchos lugares públicos podréis encontrar internet, aún así a veces estos van muy lentos y otras no van. Compramos una tarjeta de 2GB de internet, que para dos semanas es suficiente. Os dejo dos opciones: La primera es de la marca Yodobashi con 2GB, es la que compramos nosotros en Japón y no se vende online, la compramos en una tienda de electrónica, y la segunda, la podéis adquirir a través de amazon y tiene la ventaja de que no tiene determinado los GB de internet, lo escoges al instalártela.

                

 

  • Planificación del viaje:

Para la planificación de este viaje y durante nuestra estancia en Japón, nos guiamos por la guía de Lonely Planet, Lo mejor de Japón. No somos muy aficionados a las guías, pero la usamos bastante mientras estábamos en Japón, se agradece tener un punto de consulta y un mapa siempre a mano. Os dejo también el enlace de la nueva versión del 2018; Lonely Planet, Lo mejor de Japón (2018)  y de otra guía más actual de ellos que creo que puede estar bien, aunque en ingles, Japan (Lonely Planet).



Otras cosas que hacer en Japón:

Vestirse de Geisha (o más concretamente de Maiko) y pasear por la ciudad de Kioto: Para todos los que somos un poco más friquis (y para los que no), pasear por la cuidad vestido a lo tradicional es lo que falta para completar el viaje. Eso si, las mil y una fotos no pueden faltar.  También hay Yukatas para hombre!

Disfrutar de un espectáculo tradicional de Maikos:  Ver un espectáculo de este estilo, tomando te y sentados en el suelo.

Entrar a un entrenamientos de Sumo: El sumo, como todo en Japón, sigue unos protocolos muy estrictos y con ello, incluye sus entrenamientos. Se inició en el 712 y a día de hoy aún mantiene ese carácter guerrero y religioso.  Si os gusta el entreno, podéis intentar ir a un torneo oficial, aunque los precios son bastante elevados y se celebran solo en los meses impares.

 

Resumen

RUTA

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